Caminando por Juan de Garay con mi morral, a las puteadas porque se le salieron dos tachas, metida entre mis cosas, pensando en qué sería encontrarte, en qué podría decirte y que no. Y como si mi mente misma te hubiese llamado, aparecés. En pleno San Gerónimo, con tu pelo hecho un desastre, sin tus ray ban y un bolso adidas en la espalda, a media cuadra de distancia distingo tu sonrisa. Me saludás, hago lo mismo... Te miro, me sonrojo y pienso